Sofovich Full House: homenaje al jugador

09/03/2015 | 0 Comentarios
gerardo

Si tuviéramos que elegir al jugador de todos los tiempos, hombre de historias con los más grandes, con entrada a los salones dorados de todos los casinos y que además se dio el lujo de jugar torneos de hold´em por el puro placer del poker, no podríamos pensar en otro que en el mismísimo Gerardo Sofovich. El padrino de los jugadores.

En el 2011, les abrió las puertas de su casa a los amigos de la Revista Pokerface, y con la impronta de un Don Corleone del LifeStyle, mostró su FULL HOUSE y respondió la batería de preguntas… Yo fui convocado para contar algo de mi rica historia en el homenaje de un abanderado de lo lúdico.

Conocí a Gerardo en el verano del 98, en la mesa de craps del Conrad de Punta del Este. Estaba jugando con mi novia y Gerardo nos pidió que le hiciéramos de escudo, uno de cada lado, para que la gente no lo perturbe, ya que la mesa de craps, en ese entonces, estaba en la sala común, poblada de gente y de paparazzis, recién al año siguiente la movieron al VIP. Y seguimos jugando, pero ya no le hacíamos de escudo, sino que lo molestábamos nosotros. Él jugaba siempre en el corner derecho, ése era su lugar preferido. Una vez tiré tan fuerte que le rompí un dedo con los dados, había apostado al doble tres y se lo saqué, entonces no le importó la sangre, a pesar de que era cascarrabias.

Teníamos cada semana una mesa de poker con un ex presidente de Argentina (no voy a decir quién, pero todos pueden imaginarse), era en un hotel céntrico, había otros importantes empresarios y políticos de la época dorada. No era mesa cara, tampoco barata, pero sí, muy divertida. Jugábamos poker cerrado, seis jugadores y 32 cartas. Gerardo disfrutaba sacarle la plata al presi. Se hablaba mucho de deporte y como él era fanático de Boca nadie podía hablar mal de los Xeneizes.

Una vez fuimos juntos a jugar a Las Vegas, al Cesar Palace. Para él, la mejor atención. Gerardo fue el jugador argentino más reconocido en Las Vegas, me asombraba que todos los más grosos venían a saludarlo. En ese entonces yo tenía veintipocos años y estaba sorprendido.

En sus últimos años pudimos compartir muchos momentos juntos, innumerables cenas en su mesa redonda de Las Brisas, del Conrad. También muchas mesas de poker en el club. Para todos era una persona difícil de llevar, pero conmigo nos reíamos todo el tiempo. Y cada vez se ponía mejor. Nos moríamos de risa. Hay miles de anécdotas, podría escribir un libro… Como era una persona muy cabulera… y yo, que soy completamente escéptico, hacíamos entre los dos una combinación muy divertida.

Él era un fanático de la segunda docena. Sin duda nuestro juego preferido era los craps. Al final de un verano, estábamos perdiendo mucho. Éramos tres, un gran maestro de ajedrez, Gerardo y yo. Estábamos realmente fundidos. Pero a las siete de la mañana tuvimos una hora mágica y revertimos la mala racha. Festejamos comiendo choripanes en la rambla.

Y hoy, en épocas de selfies y de imágenes constantes por celulares, es paradójico que dos jugadores de la vieja escuela no tengamos ni una foto juntos. Alguna debe haber, si alguien tiene, me encantaría tener una en mi escritorio.

Se te va a extrañar, en el corner derecho, en la mesa del club…